Introducción
En el pasado las investigaciones sobre las adicciones se
desarrollaron sobre una serie de paradigmas que concebían el uso de las drogas
más como un tema moral y de voluntad, que como conocen hoy, una enfermedad.
Estos pensamientos también definieron las posibles soluciones a las adicciones
ya que, la mayor parte de estas estaban dirigidas a la prohibición, el
rechazo y el castigo.
En estos tiempos la ciencia ha arrojado nueva luz sobre el tema de
las adicciones y en consecuencia las soluciones propuestas, para combatir el
uso de las drogas también ha cambiado. Hoy las instituciones han puesto en
marcha planes para aumentar la información y cambiar mitos que se tienen al
respecto.
Es común encontrar el tema de las adicciones en las agendas
públicas, los gobiernos ya piensan en esto como un problema de salud pública,
por lo tanto, se modifica drásticamente la importancia del combate a las
adicciones dentro de la sociedad.
Por ejemplo, uno de cada
tres, en un rango de edad de 12 a 65 años es consumidor de alcohol en niveles
de riesgo, más de 17 millones son dependientes al cigarro y más de medio millón
son adictos a algún tipo de droga. Cabe mencionar que este trabajo distingue
entre los tipos de adicciones, y se concentra en señala aquellas que son a
sustancias químicas, las cuales tienen serias repercusiones en la química del
cerebro.
De esta manera, e problema
de las adicciones constituye un problema complejo, con consecuencias no sólo a
nivel individual, sino a nivel familiar y en la integración de la sociedad.
Por lo tanto, éste
documento pretende resaltar el tema de las adicciones, desde su marco
conceptual hasta el papel que tienen en nuestro país. En primer lugar se
desarrolla el macro conceptual en el que se desarrolla éste tema,
posteriormente se trabaja sobre la manifestación de las adicciones en la
sociedad para terminar con una breve conclusión.
Ciencia y
adicción
El concepto de las
adicciones ha evolucionado gracias a la investigación científica que se ha
realizado en esa materia. Hay suficiente evidencia que muestra a las adicciones
presentan características de una enfermedad, no se pueden dejar por fuerza de
voluntad y requieren de tratamiento. Las drogas modifican la química,
estructura y funcionamiento del cerebro. Existen diversas definiciones respecto
a las adicciones, según el National Institute on Drug Abuse/NIDA se definen
como “una enfermedad crónica del cerebro, a menudo con recaídas, caracterizada
por la búsqueda y el consumo compulsivo de drogas a pesar de las consecuencias
nocivas para la persona adicta y para los que le rodean” (como se cita en
Fernández 2015). Siguiendo esa línea de ideas la Sociedad Médica Estadounidense
de Adicciones/ ASAM, establece la siguiente definición: “La adicción, ya sea al
alcohol, juego, drogas, o sexo, es una enfermedad crónica del cerebro, no solo
un mal comportamiento o mal criterio”(como se cita en Fernández 2015).
(Mothelet,
2013)
Como cualquier enfermedad, la adicción también
progresa por etapas (Baler, 2013), en primer lugar se utiliza para alcanzar
estados de euforia, sin embargo el cerebro se adapta a la sustancia y aparecen
los primeros síntomas de dependencia.
Personas de todas las
edades y clases sociales son las que sufren consecuencias, de manera directa o
indirecta, del abuso y adicción de sustancias nocivas La mayoría de los
tratamientos de rehabilitación se limitan a lograr que el paciente se abstenga
de consumir la sustancia principal y aceptar consumos “controlados” de otras
sustancias, de tal manera que, los tratamientos se traducen como soluciones de
corto plazo, es decir, se basan en controlar los síntomas y se orientan a
mantener estándares de “Sobriedad”. (Fernández, 2015)
¿Cuál es
el problema?
En términos generales,
cuando una persona toma la decisión de consumir alguna sustancia nociva es
“voluntaria” y comúnmente se acompaña de la creencia que se puede controlar su
uso de manera racional. Sin embargo, las drogas se pueden apoderar de la vida
de cualquier persona de una forma relativamente rápida.
Existen múltiples razones
que detonan el uso de las sustancias adictivas pueden ser motivaciones internas
o provocadas por el ambiente, como puede ser la aceptación social. Sin embargo
no hay un factor único que determine si una persona será adicta o no
(Volkow, 2014). Lo único que la ciencia puede afirmar es que, las
probabilidades de pasar del uso a la dependencia de las drogas es mucho mayor
cuando se empiezan a consumir a temprana edad, es decir, cuando el cerebro aún
no se ha desarrollado. (Excelsior, 2015)
En ese sentido, el Director
general del Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones de la
ciudad de México (IAPA), Rafael Camacho Solís, comenta.
“El gran problema es que nadie sabe dónde
puede parar y hasta dónde puede llegar”, mencionó el director general del
Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones de la ciudad de
México.”
El tema central es que,
una vez que se instala la adicción ésta se convierte en el objetivo principal
del adicto. Se altera considerablemente la relación del adicto con la sociedad,
por lo tanto, deja de cumplir su rol como estudiante, hijo, padre, etc.
Sin embargo no son los
únicos problemas, existen algunos que el individuo no puede controlar y que pueden
propiciar el consumo. Por ejemplo la sociedad hoy en día propicia una autonomía
muy “adictogena”, es decir, la facilidad con la que se pueden conseguir
sustancias nocivas, la fragilidad de los valores familiares, la exigencia de
competir en distintos ámbitos y la presión a la que se someten los individuos
puede propiciar el uso de las drogas como un apoyo para encontrar motivación y
satisfacción (Dianova Internacional).
En México, hasta hace muy
poco no existían leyes que obligaran el tratamiento obligatorio a personas que
eran detenidas con cantidades no permitidas de drogas ilegales. Una nueva ley
posibilita la creación de los Tribunales para el Tratamiento de Adicciones a
nivel nacional (Transational Intitute Drugs and democarcy). Con lo que se
estaría buscando replantear el problema, y en consecuencia la respuesta al
combate de las adicciones.
Consecuencias
de las adicciones.
Ya se han mencionado
algunos de los efectos que el uso y abuso de sustancias tienen en los
individuos. Pero estas no son sus únicas consecuencias, la familia también se
ve afectada en su integración y por lo tanto como célula funcional de la
sociedad. Es decir, cuando esto se presenta a gran escala la sociedad reciente
los problemas que derivan de esto. Al respecto Silvia Cruz, investigadora del
CINVESTAV, asegura de que el consumo de drogas se puede prevenir, además de que
la carga social y económica es enorme.
Las drogas tienen un
impacto en distintas esferas, afectan el ámbito económico y social, aumentan
los costos de atención ya que se pueden asociar con lesiones y diversas
enfermedades, como cirrosis, cáncer, enfermedades mentales, por mencionar
algunas (María Elena Medina-Mora, Real, Villatoro , & et al., 2013). Además
tienen a manifestarse en conductas violentas que se pueden asociar a diversos
factores como el crimen organizado, el mercado ilegal o simplemente la propia
intoxicación.
Lo anterior representa una
carga pesada para los sistemas de salud pública. Se estima que sólo uno de cada
seis consumidores de drogas en todo el mundo tiene acceso a tratamiento (UNODC, 2015), debido a que en
muchos países, como en México, existe un déficit en la prestación de servicios
de este tipo. De éste modo se vuelve político el tema, ya que, depende de la
voluntad de los gobernantes el presupuesto que se asigna para la prevención y
tratamiento de las adicciones.
El enorme volumen de
dinero que mueven las drogas representa otro gran problema, ya que se reproduce
el ciclo, mientras haya consumidores siempre habrá quien esté interesado en ese
mercado a cualquier costo, lo que provoca violencia entre grupos criminales y
también un gran gasto de recursos por parte de las autoridades para su combate.
Para el caso de México,
aunque resulta evidente que es un fenómeno disparejo el cual depende de la
región que se estudie, sin embargo, representa un problema considerable a
nivel nacional, aunque mucho menor, comparado con países sudamericanos incluso
aún más si se compara con EE.UU o Canadá. Estudios recientes señalan dos
vertientes que caracterizan éste problema, por un parte, la edad de inicio en
el consumo de sustancias adictivas es a una edad más temprana, por otro, la
disponibilidad de éstas sustancias es mayor, por ejemplo la venta de
cigarrillos por pieza, bebidas alcohólicas de menor calidad a menor precio o el
narcomenudeo. (CONADIC).
Pero el uso de drogas
ilícitas no es el único problema que enfrenta nuestro país, en el contexto
internacional, México se ha caracterizado por ocupar uno de los primeros
lugares de mortalidad por cirrosis hepática alcohólica. Además, como ya se ha
hecho mención una de las consecuencias sociales del alcohol es que se presentan
comportamientos problemáticos, como el alto consumo por ocasión y frecuentes
eventos fuera del hogar. En nuestro país, el consumo elevado de alcohol se
concentra en una proporción de bebedores menor a la que se observa en otras
culturas, pero la gravedad de sus consecuencias en la salud es similar o mayor.
Al respecto Roy Rojas, asesor de la Organización Panamericana de la Salud (como se cita en Sandovál, 2013), declara lo
siguiente:
“En México
se mueren aproximadamente 24 mil personas al año, ocupa el séptimo lugar en el
mundo por muertos por accidentes de tránsito y mueren 55 personas cada día,
hago un llamado a la familia mexicana, de que el programa conduce sin alcohol,
debe verse como una buena noticia, debe verse como un esfuerzo más de la ciudad
por salvar”
Por mencionar un ejemplo,
el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), señala que del total
de decesos anuales que se contabilizan por enfermedades del hígado que son
imputables directamente al consumo del alcohol suman, en promedio, un total de
12 mil 540 casos, es decir, 34 casos diarios, o bien, una muerte cada 40
minutos por el consumo excesivo del alcohol. (Fuente, 2014)
Sin duda, Estas
consecuencias requieren un abordaje global de la cuestión de las adicciones, a
través de respuestas coherentes y acordes al tema, teniendo en cuenta los
umbrales a partir de los cuales una conducta dada, es considerada de riesgo,
luego dañina y finalmente adictiva.
Conclusiones
Cuando se plantea el
problema de las adicciones desde una perspectiva de salud es posible establecer
soluciones integrales, es decir, se va más allá de la prohibición de las
mismas, y se distinguen factores que pueden determinar o no su consumo, como
población vulnerable, rangos de edad, población con mayor o menor riesgo de ser
dependientes.
Como cualquier otra
enfermedad, la adicción también es crónica y no tiene cura. Pero existen
tratamientos que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida, en ese sentido no
quiere decir que no habrá recaídas, sino que la efectividad de los tratamientos
se debe medir por la disminución de estas. Es innegable que deben buscarse
soluciones integrales, no sólo a disminuir el problema, sino también a
prevenirlo y permitir que la evidencia científica pueda convertirse en
políticas públicas eficientes y eficaces.
Una de las opiniones más
compartidas entre los expertos es que es necesario modificar los
conceptos, tratar de evitar los estereotipos. Se evidencia la necesidad de
encontrar soluciones completas, que se alejen de la simplicidad, en ese
sentido, es necesario poner en el centro del debate a los adictos, centrarse en
defender su integridad y respetar sus diferencias.